Como Ariadna y su ovillo de hilo para guiar a Teseo frente al Minotauro, los asesores financieros y banqueros privados están haciendo un ejercicio de interlocución y acompañamiento para conducir a sus clientes por el laberíntico contexto actual. En sus mesas se sientan inversores cuyas preocupaciones y demandas han cambiado en los últimos seis meses, como respuesta al peso de la geopolítica, a la resiliencia del mercado y a los nuevos paradigmas de inversión. ¿Cómo los están guiando?
La actualidad trae nuevas normas geopolíticas, cambios en las relaciones comerciales, predilección por el oro y búsqueda de oportunidades en mitad del ruido. Aunque lo parezca, no estamos en la Creta del siglo XVI a.C., estamos terminando el primer trimestre de 2026; un año en el que se ha confirmado que caminamos hacia un nuevo orden mundial, en términos de seguridad, geopolítica y relaciones comerciales.
Este nuevo rumbo ha empujado a los inversores hacia sus asesores financieros y banqueros privados en busca de ese hilo que les ayude a transitar con éxito por el actual contexto, como le sirvió a Teseo para salir victorioso de la morada del Minotauro. Para ellos, el principal detonante no ha sido el amor, sino la relevancia que ha tomado la geopolítica.

Anna Rosenberg (Amundi Investment Institute)
“Hay que pensar en la geopolítica de una forma diferente: ya no es un riesgo, es la nueva macro a la hora de construir carteras, y hay que considerar que hay mucho riesgo geopolítico, pero también nuevas alianzas económicas y de seguridad que crean oportunidades y nuevas tendencias para los inversores”, apunta Anna Rosenberg, Head of Geopolitics del Amundi Investment Institute. Para la experta, estamos en un entorno marcado por un mayor grado de tensiones, fragmentación, incertidumbre e imprevisibilidad, que define como “desorden controlado”.
“Vemos en 2026 un escenario de desorden controlado, con una transición anárquica en el medio”, asegura. Rosenberg interpreta la volatilidad del mundo como fruto de megatendencias, como una guerra económica entre estados cada vez más proteccionistas, un mundo multipolar con mayor competencia y rivalidad entre las grandes potencias —Estados Unidos, China y Rusia—, una competición tecnológica similar a la de la Guerra Fría, e implicaciones políticas derivadas del cambio climático -prueba de ello, Groenlandia, ante las nuevas rutas marítimas que surgen del deshielo de los casquetes polares y la guerra por los nuevos recursos naturales-. En su opinión, todo ello se ve agravado por una política más inestable en muchos estados desarrollados.
Diagnóstico del cliente
Este nuevo marco ha hecho que las preocupaciones de los inversores hayan evolucionado. “2025 vino cargado de geopolítica y guerra arancelaria, generando un claro impacto en términos de volatilidad y amplitud de mercado hacia geografías o sectores alejados del excepcionalismo americano. Ahora, el cliente sigue preocupado por Oriente Medio, así como por la IA y sus valoraciones. También recibimos preguntas sobre materias primas y, residualmente, sobre criptodivisas”, comenta Silvia García-Castaño, directora de inversiones en Lombard Odier en España.
Esta evolución en las preocupaciones también ha supuesto un cambio en la forma de interpretar el mercado. Según el equipo de Grey Capital, en los últimos 6 a 12 meses, el cliente ha pasado de preocuparse por caídas puntuales a cuestionarse si los marcos tradicionales de inversión siguen siendo suficientes. “Hoy existe mayor conciencia de que la volatilidad ya no es un evento excepcional, sino parte del nuevo entorno estructural. Venimos de dos años excelentes en rendimientos y, por lo tanto, las preocupaciones están focalizadas en cuánto más espacio hay de crecimiento y cuánto de este empuje corresponderá a las tecnológicas”, señalan.
Desde el equipo de Klosters reconocen que, hace un año, las conversaciones con los clientes, a pesar de las elevadas valoraciones, giraban en torno a la IA y la inversión en las grandes tecnológicas. “Hasta el ‘Día de la Liberación’, el único riesgo percibido era una posible recesión en Estados Unidos y que la inflación no permitiese bajar los tipos de interés en caso de necesidad. Hoy los riesgos económicos se han desvanecido y hay mayor preocupación por la geopolítica. Se mantienen los temores a las elevadas valoraciones y el impacto de las inversiones en IA, lo que hace que se alternen el Fear of Missing Out (FOMO) y el Fear of Being In (miedo a estar dentro justo cuando estalle). Así pues, la percepción del riesgo ha madurado, y el cliente ya no ve la volatilidad como algo que ‘pasará pronto’, sino como la nueva temperatura ambiente”, explican.
La paradoja de la prosperidad
Si el detonante ha sido la geopolítica, la sorpresa para los inversores ha sido la resiliencia del mercado, ya que los activos financieros muestran un buen comportamiento. En opinión de Marta Rodríguez, socia directora comercial de Abante, existe un consenso amplio en que este año el mercado está respaldado por indicadores sólidos: crecimiento del PIB razonable, inflación controlada, tipos de interés previsiblemente estables y beneficios empresariales estimados rondando el 10%, no solo en las compañías americanas, sino también en el resto del mundo. Igualmente, los expertos coinciden en que, en el frente geopolítico, el mercado ha mostrado una sorprendente capacidad para interpretar, digerir y seguir adelante ante los bandazos que, en otro tiempo, habrían desatado auténticas tormentas.
“Justamente, este entorno de bonanza es el que genera incomodidad. Consensos amplios suelen ser una señal interesante, aunque no necesariamente tranquilizadora. Cuando los precios suben mucho durante demasiado tiempo, el sentimiento dominante deja de ser la esperanza y se convierte en temor: cuanto más alto estás, mayor puede ser la caída. Ese miedo, no el riesgo visible sino el latente, es el que de verdad ocupa hoy la mente de muchos inversores”, afirma Rodríguez.
“La percepción del riesgo ha madurado, y el cliente ya no ve la volatilidad como algo que ‘pasará pronto’, sino como la nueva temperatura ambiente”, explica el equipo de Klosters
Es lo que en Boreal llaman la “paradoja de la prosperidad”. Según explica Fernando de Frutos, CIO de Boreal Capital Management, en ausencia de grandes crisis sistémicas visibles, tendemos a exagerar riesgos potenciales. “La economía y el orden mundial son sistemas complejos, con equilibrios potencialmente inestables, pero si uno vive permanentemente anticipando el colapso, corre el riesgo de dejar pasar el progreso sin participar en él”, advierte.
En un plano más fundamental, reconoce que preocupan las valoraciones elevadas, la dependencia de un número reducido de compañías para sostener el crecimiento y la posibilidad de una burbuja en las acciones vinculadas a la IA. “Es una inquietud comprensible, dada la magnitud y la velocidad de las inversiones en las infraestructuras asociadas. Sin embargo, desde una perspectiva inversora, observamos un perfil claramente asimétrico: la magnitud de la oportunidad estructural supera el riesgo de una eventual sobrevaloración. Y, aun en el supuesto de que se estuviera gestando una burbuja, su eventual corrección no sería cualitativamente distinta de otras grandes correcciones de mercado, sin implicaciones sistémicas”, matiza Frutos.
La normalización del riesgo

Nicolás Barquero (Santander Private Banking España)
Para estos profesionales, lo relevante es si estas nuevas inquietudes han producido un cambio en la percepción del riesgo de sus clientes. En opinión de Nicolás Barquero, director de Soluciones Especializadas de Santander Private Banking España, en general no, aunque se muestran cautos: “Los titulares geopolíticos y el buen comportamiento de las bolsas hacen que se siga mirando con prudencia a las inversiones”.
Rodríguez recuerda que las percepciones no se ajustan tan rápido como los datos, y por ello los inversores buscan certezas, mientras que el mercado rara vez las ofrece. “Esa distancia entre lo que esperamos y lo que realmente ocurre genera un terreno inestable, donde es fácil dudar. Para interpretar esa incertidumbre, la definición de riesgo de Howard Marks resulta especialmente útil: el riesgo no es la volatilidad, ni los movimientos puntuales del patrimonio. El riesgo real es la posibilidad de sufrir una pérdida irrecuperable de capital y, en menor medida, de perder una oportunidad atractiva. Y justamente ahí es donde estamos ahora: ante la duda de si debemos seguir aprovechando la oportunidad —como la que ofrece la inteligencia artificial— o bajarnos del tren por miedo a una pérdida, siempre posible”, argumenta la socia directora comercial de Abante.
Es más, riesgos y oportunidades suelen ir de la mano; por eso el mensaje que lanzan es claro: hay que permanecer invertidos. “El 80% de la rentabilidad se obtiene en el 20% del tiempo, y esos días excepcionales suelen llegar inmediatamente después de los peores. Intentar anticiparlos o salir y entrar del mercado solo aumenta las probabilidades de perder gran parte de la rentabilidad final. Por eso, defendemos la importancia de mantenerse invertido, siempre dentro de una estrategia coherente con el proyecto biográfico del cliente y bien diversificada para atravesar tanto losm buenos como los malos momentos”, defiende Rodríguez.
Invertido, pero diversificado, tal y como recuerda García-Castaño: “Este año en particular, es importante estar diversificado en mercados que ofrezcan buenos beneficios de sus empresas y margen de valoración/ seguridad, así como incorporar estabilizadores en la cartera que encontramos en activos como la renta fija, especialmente en algunas categorías, en materias primas, algunas divisas, capital privado y otros productos financieros con cupón y protección de capital”.
Cambios en el marco de inversión
Para Oscar Niño de Zepeda Muñoz, Managing Director y gestor de inversiones de Criteria WM, el desafío más importante y continuo radica en evaluar adecuadamente las nuevas tendencias y definir si el perfil de inversión permite integrarlas o no, y en qué magnitud. “De lo más reciente, el shock inflacionario de 2022, conflicto Rusia-Ucrania y otros similares, el alcance de mercados privados y criptomonedas, y el buen ciclo de algunos metales, han sido momentos de testeo para evaluar permanentemente lo primero”, señala.

Fernando de Frutos (Boreal Capital Management)
Además de estas nuevas tendencias, se pone el foco en los nuevos paradigmas de inversión. “Estamos frente a cambios relevantes: menor efectividad de carteras tradicionales como el 60/40, mayor incorporación de activos privados, concentración temática en tecnología e inteligencia artificial y un acceso más amplio a plataformas y productos globales. Esto exige carteras con múltiples fuentes de retorno, distintas duraciones y una gestión del riesgo más sofisticada, donde la diversificación real y la estructura toman un rol central”, apuntan desde Grey Capital.
Desde Boral sostienen que el gran cambio al que se enfrenta el inversor es la concentración, ya que hoy el liderazgo de mercado está muy focalizado, y eso genera incomodidad. Frente a ello, Frutos se apoya en el “tradicional manual de inversión”: la diversificación real. “Algunos pilares del manual clásico han recuperado vigencia. Tras la normalización de los tipos de interés, los bonos han vuelto a ofrecer rentabilidad real y capacidad de amortiguación en fases de corrección, devolviendo atractivo a las carteras balanceadas. Después de años en los que la renta fija apenas aportaba diversificación efectiva, hoy vuelve a cumplir su función como estabilizador estructural. En el ámbito alternativo, han surgido productos semilíquidos más adaptados a la gestión patrimonial, y los productos estructurados permiten construir perfiles asimétricos que mejoran la gestión del riesgo sin renunciar completamente al crecimiento”, defiende Frutos.
Qué buscan los inversores
En consecuencia, los profesionales han detectado que los inversores están demandando soluciones integrales, visión global y acompañamiento continuo. Según ha observado el experto de Criteria WM, hay un alto interés por las commodities, el private equity y los activos digitales como principales temáticas alternativas y tácticas; aunque reconoce, los activos tradicionales mantienen el mayor foco. “Dentro de ellos, las tecnologías asociadas a la IA y mercados emergentes ofrecen el mayor atractivo en renta variable y deuda global flexible junto con emergente en renta fija”, afirma Niño de Zepeda.
Marta Rodríguez (Abante): “2026 nos ha aportado un nuevo concepto: el broadening o ensanchamiento del mercado”

Marta Rodríguez (Abante)
Para la experta de Abante, los clientes demandan encontrar valor más allá de los grandes nombres. “2026 nos ha aportado un nuevo concepto: el broadening o ensanchamiento del mercado. Desarrolla la idea de que las oportunidades de inversión pueden encontrarse más allá de los sospechosos habituales’ y que la irrupción de la IA debe comenzar a impactar en positivo en los resultados del resto de industrias”, comparte Rodríguez desde su experiencia.
El director de Soluciones Especializadas de Santander Private Banking España añade una idea más: “Todos tienen un interés particular en mercados privados y en el impacto de la IA, pero también en entender hasta qué punto tener un sesgo más o menos global en bolsa y si incorporar activos como el oro en sus carteras”.
Ahora bien, en su opinión, las firmas no pueden dar respuesta a estas peticiones de los clientes de cualquier forma. “Demandan una atención recurrente y personalizada. No esperan de nosotros que les presentemos un producto u otro, sino que los acompañemos en este proceso de construcción de carteras, gestionando y asesorando en esta diversificación”, insiste Barquero.
El hilo del asesor
Todos los profesionales coinciden en que este nuevo contexto, con cambios en el paradigma de inversión y en las demandas de los inversores, pone en valor su trabajo. “En este entorno es donde más podemos aportar a los clientes en la construcción de carteras, a través de una adecuada diversificación en activos -que no solo incluye bolsa y renta fija- y diversificación global. Conseguir aislarse de este ruido geopolítico, centrándose en los fundamentales de crecimiento, inflación, beneficios y tipos de interés, es básico para conseguir retornos reales por encima de la inflación”, argumenta Barquero, quien considera que la clave es “entender los objetivos de inversión del cliente, construir una cartera en línea diversificada y personalizada con estos objetivos y hacer un seguimiento continuo y recurrente de los resultados con el cliente, que genere confianza y que evite decisiones emocionales en los peores momentos”.
Frutos reclama que, ante el dominio de las narrativas extremas y la tentación de subirse al “siguiente tren”, que promete rentabilidades rápidas, el valor añadido consiste en aportar perspectiva, contexto histórico, disciplina y una mentalidad genuinamente inversora de largo plazo. “La gestión patrimonial exige disciplina inversora. Como en el tenis, se trata de evitar errores no forzados y ganar por acumulación de puntos, no de intentar ganar todos los puntos. Mantenerse invertido, no tomar beneficios antes de tiempo ni abandonar el mercado ante la primera corrección son decisiones que requieren más disciplina emocional de la que parece. También ofrecemos algo menos tangible pero esencial: optimismo informado, probablemente uno de los activos más infravalorados en el entorno actual”, defiende.
En opinión de Oscar Niño de Zepeda (Criteria WM), los inversores muestran interés por las commodities, el private equity y los activos digitales como las principales temáticas alternativas y tácticas

Oscar Niño de Zepeda (Criteria WM)
Una labor que para Niño de Zepeda se basa en dos pilares: la convicción en la visión de mercado y el asset allocation. “Desde esto se desprende la necesidad de revisión permanente de los elementos presentes en el mercado -cuantitativos y cualitativos-, el sentimiento como factor de evaluación de indicadores y contar con productos de calidad que faciliten la personalización de los portfolios”, comenta.
Para todos estos profesionales, su labor funciona cuando tienen claro cuál es su rol. Según la experiencia del equipo de Grey Capital, no consiste en seleccionar activos individuales, sino diseñar una arquitectura patrimonial sólida, apoyada encustodios de primer nivel, equipos especialistas por clase de activo y una visión integral que combine inversión, planificación fiscal, tributaria y planificación de largo plazo. “Nuestro enfoque ha sido reforzar el rol de acompañamiento estratégico. En contextos de alta incertidumbre, creemos que el valor no está en reaccionar, sino en ordenar la información y traducirla en decisiones coherentes con los objetivos de largo plazo del cliente. Hacemos un proyecto individual y familiar al cliente de corto, mediano y largo plazo, que incluye aspectos tributarios y sucesorios, que son clave para una correcta planificación”, defienden.
Una mirada nueva

Silvia García-Castaño (Lombard Odier en España)
Lograr estos objetivos exige que los asesores y los banqueros privados también cambien su forma de pensar. Es lo que García-Castaño llama la filosofía del “rethinking everything”. “Este es nuestro lema: cuestionarnos el entorno, las decisiones de inversión y muchos de los principios dados por válidos en la gestión de carteras nos hace plantear escenarios muy trabajados con el objetivo de construir carteras sólidas y consistentes con nuestra visión”, explica.
Esta es una propuesta en la que coinciden los asesores, que no olvidan que el mercado no se puede controlar. “Nuestra filosofía es controlar lo controlable -costes, diversificación y comportamiento- y dejar que el mercado se encargue del resto. No podemos predecir el próximo tuit de un líder mundial o el dato exacto de IPC, pero sí podemos controlar que una caída del 10% no obligue a vender en el peor momento. Nuestro principal objetivo es que todas las inversiones tengan sentido dentro del conjunto del patrimonio y de los objetivos de nuestras familias/clientes”, sostiene el equipo de Klosters.
En este sentido, lanzan el concepto de la “arquitectura de la tranquilidad” que, según explican, es la clave de dónde ven ellos el valor del asesoramiento: “No se puede ser solo selectores de productos, sino gestores del patrimonio integral. El cliente valora más la planificación fiscal y sucesoria y la resiliencia de su cartera que el último tip de inversión. La independencia y la ausencia de conflictos de interés son fundamentales para poder tener total libertad y flexibilidad para poder tomar las mejores decisiones de inversión en cualquier entorno de mercado”.
Conjugar todos estos elementos es el principal reto al que se enfrentan estos profesionales. Según Niño de Zepeda, la piedra angular de la gestión de carteras es definir el perfil, objetivo y horizonte de inversión de cada cliente. “Desde ahí, la creación de valor se sitúa en una visión de mercado robusta que incorpore de manera eficiente y clara los distintos elementos presentes en los mercados, para luego definir la participación de cada clase de activo. No menos importante es la elección de los vehículos de inversión, que al final del día permiten la ejecución continua de las inversiones y además nos mantienen a la vanguardia en la incorporación de nuevas ideas y tendencias. Por último, diría que es importante atender el cambio generacional: los clientes van traspasando el manejo de su patrimonio a las siguientes generaciones, las cuales vienen preparadas en el muso de herramientas avanzadas, tanto en la reportería y evaluación de las carteras, como en la aparición de alternativas de inversión”, afirma.
Justamente, para Abante no solo se trata de repensar el contexto, el mercado y las soluciones de inversión, sino también de tener una visión diferenciadora sobre el propio cliente. Según su filosofía, la mayor certeza de la que dispone un inversor no está en los mercados, ni en los ciclos económicos, ni en las narrativas del momento, sino en su propio proyecto biográfico. “El asesoramiento es a la persona lo que la gestión es al dinero: solo profundizando en la vida, los objetivos y los límites emocionales de cada cliente podemos construir una estrategia patrimonial con verdaderas probabilidades de éxito. A partir de esa comprensión desarrollamos una propuesta de inversión diversificada y adaptada a ese plan vital”, defiende Rodríguez.





Por Alicia Miguel Serrano